La diferencia entre estas texturas dependerá de la cantidad de líquido con el que se hidrata la sémola. Puede cocinarse con agua, caldo o incluso bebida vegetal sin endulzar. Si se desea una polenta cremosa y ligera se puede hidratar con 4 partes de líquido por cada una de sémola, mientras que, si buscamos una consistencia firme para freír o asar, necesitaremos reducir esta proporción hasta la mitad, dos partes de líquido por cada una de polenta.
En una cacerola llevar a ebullición el caldo, o agua con un poquito de sal. Cuando comience a hervir añadir la sémola de maíz muy poco a poco, en forma de lluvia, para que no se formen grumos, conforme vamos removiendo. Ajustar de sal y pimienta al gusto y añadir las hierbas provenzales. Bajar el fuego y sin parar de remover esperar a que vaya espesando. Deberá volverse una masa algo espesa que comenzará a despegarse de los lados de la cacerola.
En ese momento, engrasar una bandeja rectangular con un poco de aceite de oliva y verter la polenta. Nivelar la superficie para que quede uniforme y dejar enfriar para que se vuelva completamente firme. Volcar la polenta en una tabla, gracias al aceite se despegará sin problema, y cortar en bastones de unos 10 centímetros de longitud por un centímetro de grosor. Disponer los bastones en una bandeja de horno forrada con papel antiadherente y el resto del aceite de oliva. Llevar al horno a 220°C y cocinar hasta que los bastones estén bien dorados y crujientes.
Mientras tanto, colocaremos la mermelada de tomate Valle del Taibilla en un bol y mezclaremos con la salsa de soja y el vinagre balsámico. Servir los bastones con un poco de sal en escamas junto con la mermelada de tomate.
Autores: Iván Iglesias y Estela Nieto. Publicado originalmente en Bio Eco Actual.

